martes, 10 de septiembre de 2013

La bandera más bella que existe


Los cubanos por lo general se sienten más cubanos cuando están fuera de la isla, quieren tomar café cubano venga de donde venga, fumarse un puro Cohíba aunque nunca hayan visto una vega de tabaco, degustar ron o prepararse los típicos tragos daiquirí, cuba libre o mojito para impresionar a un amigo de cualquier nación o para compartir en familia, oír los clásicos del son ya sea los ilustres del Buena Vista Social Club o los éxitos del Benny Moré, Bola de Nieve, Celia Cruz o Rita Montaner, para no hacer larga la lista porque si algo bueno tiene el caimán es que de la nada sale un buen artista y también sin previo aviso tan solo con una lata y palo se hace una sinfonía. Algo muy singular en los cubanos de extramuros que sin duda hace que todos sepan que son orgullosamente cubanos es el uso de la bandera, los portan en sus autos, o en sus casas siempre tienen el souvenir con esos colores que día a día le recuerdan su origen más que su acta de nacimiento. Los cubanos de intramuros que día a día se pasean por las calles que los vio nacer pasan frente a las escuelas o sitios públicos que ostentan la insignia nacional y están tan acostumbrados al símbolo que  no siempre se detienen en su belleza, le hablan a sus hijos de la bandera cuando las tareas escolares lo requieren y a veces sin querer obvian la hermosísima historia de la bandera de la estrella solitaria, de las inspiraciones foráneas y hasta místicas que hace más de siglo y medio la hicieran ondear por primera vez en la ciudad de Cárdenas, así pues, cuando aparecen en televisión o en la prensa noticias relacionadas con las actividades de la Asamblea Nacional pocos perciben la imagen de las dos banderas que presiden las sesiones parlamentarias, lo que sin dudas me aportó una reflexión especial respecto a nuestra hermosa bandera.

Cuando en algún lugar ondean varias banderas y reconocemos la nuestra entre ellas nos aflora una alegría especial, sabemos que no estamos solos por lejana o cercana de la latitud, particularmente los colores rojo, blanco y azul conforman muchas banderas, curiosamente es la combinación más común, de 196 países el 15% de ellos sus banderas se conforman con esos colores, por continentes América (Chile, Costa Rica, Cuba, Estados Unidos, República Dominicana, Panamá, Paraguay y Puerto Rico), África (Liberia), Asia (Camboya, Corea del Norte, Myanmar, Tailandia y Taiwan  , Europa (Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, Francia, Islandia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Reino Unido, República Checa, Serbia y Rusia), Oceanía (Australia, Nueva Zelanda y Samoa).

No es la bandera de la estrella solitaria la primera que ondeó en la isla, por razones obvias derivadas de la colonización española la primera bandera izada en Cuba fue la de los Reyes Católicos. Hasta 1707 cada nuevo monarca español se sirvió de su estandarte para representar el poder de la Metrópoli, pero a partir de ese año y hasta 1843 cumplió tal misión el de los Borbones, exceptuados los once meses de ocupación inglesa de La Habana (agosto de 1762-julio de 1763). Entre 1843 y 1898 fue la enseña encarnada y amarilla del estado español la que tremoló en los edificios públicos de Cuba.

No obstante, ya desde comienzos del siglo XIX surgieron otras no tan del gusto de los españoles y que no podían flamear libre y notoriamente. Entre ellas se cuentan la del independentista bayamés Joaquín Infante Infante; la de la Conspiración Soles y Rayos de Bolívar; la del Club Habana (asociación de criollos de ideas anexionistas) y la de la Conspiración Mina de la Rosa Cubana.

LA BANDERA DE NARCISO LOPEZ.

Cronológicamente le sigue la de Narciso López, con el tiempo devenida bandera nacional. Su diseño original y primera realización correspondió al poeta Miguel Teurbe Tolón. Nacido anexionista, el pabellón de la estrella solitaria fue purificado con pólvora y sangre durante las guerras de 1868 y 1895.
Esta bandera fue enarbolada por primera vez en Cuba por el General de origen venezolano Narciso López en la ciudad de Cárdenas, el 19 de mayo de 1850. La bandera nacional se izó antes que en Cuba en los EE.UU.

Cuenta la historia que se encontraba en la ciudad norteamericana de Nueva York, el General Narciso López, luchando por la gesta independentista de CUBA y cansado por sus trajines revolucionarios, se quedó dormido en un parque de dicha ciudad. Al despertarse miró al cielo y vio celajes azules y blancos conjuntamente con una mancha roja que producía el sol poniente. Una oscilante estrella brillaba al centro. Estos elementos completaban una feliz idea. Emocionado fue en busca de su gran amigo, Miguel Teurbe Tolón (poeta, patriota y dibujante) quien con las Ideas manifestadas por Narciso López, diseñó la bandera cubana, la que fue confeccionada en tela de raso por la prima y esposa de Teurbe: Emilia.

Tanto la bandera como el Escudo nacional fueron creados por la misma persona, Miguel Teurbe Tolón. Las especificaciones de diseño de ambos fueron establecidas por el primer presidente de Cuba, Tomás Estrada Palma, mediante Decreto, el 21 de abril de 1906 y han permanecido sin modificaciones desde entonces.
Significado de sus elementos: La estrella solitaria de cinco puntas representa la república libre, independiente y soberana que debía ser Cuba y a la unidad de los cubanos. El rojo, ubicado dentro de un triángulo en clara alusión al tríptico de los ideales franceses de: libertad, igualdad y fraternidad, alude a la sangre derramada en la lucha. Las franjas blancas a la pureza de los ideales y a la virtud de los cubanos. Las azules (por los tres departamentos en que se dividía en esa época Cuba: Occidente, Centro y Oriente), revelaban las elevadas y celestiales aspiraciones de los patriotas.

Su forma: Es rectangular, de doble largo que ancho, compuesta por cinco franjas horizontales del mismo ancho, tres de color azul turquí y dos blancas dispuestas de forma alternada. Un triángulo equilátero de color rojo en uno de sus extremos, uno de cuyos lados es vertical, ocupa toda la altura de la bandera y constituye su borde fijo. Dicho triángulo lleva en su centro una estrella blanca de cinco puntas, inscripta en una circunferencia imaginaria, cuyo diámetro es igual a un tercio de la altura de la bandera, con una de sus puntas orientada hacia el borde libre superior de la bandera.

LA BANDERA DE CÉSPEDES

Durante la primera de las contiendas mambisas, fueron camagüeyanos y villareños quienes hicieron tremolar la enseña de la estrella solitaria, pues el 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes y sus compañeros, al levantarse en Oriente, lo hicieron bajo otra. Ambas ondearon en los campos insurrectos.

Céspedes y varios de sus amigos de mayor confianza se dieron a la tarea de diseñar y confeccionar un estandarte que identificaría al movimiento insurreccional. En un primer momento, varios de los presentes propusieron que se adoptara la misma bandera que el venezolano Narciso López había izado en Cárdenas, en mayo de 1850. Pero fue el caso que, aunque todos conocían perfectamente los colores (rojo, azul y blanco), ninguno recordaba su diseño. Entonces, para resolver esta dificultad, e inspirándose en la bandera de la República de Chile, Céspedes propuso una nueva insignia, que tendría la misma forma de la chilena, pero con una disposición diferente de los colores. El rojo ocuparía, con el blanco, la parte superior, y el azul marino se extendería a lo largo de la inferior; situándose una estrella solitaria, blanca, en el centro del cuadro rojo.

Los motivos para escoger la bandera chilena no están claros hoy día. Existen varios elementos históricamente comprobados, como la célebre capacidad de previsión política de Céspedes y del Castillo, o el hecho de que existían relaciones estrechas entre importantes funcionarios del gobierno de la República de Chile y la Junta Patriótica de Cuba y Puerto Rico, organización revolucionaria en el exilio, en los meses previos al alzamiento de “La Demajagua”.

Existe la posibilidad de que el caudillo bayamés ya tuviera una idea clara de cuál debía ser la enseña del movimiento, escogiendo precisamente el estandarte nacional de Chile, por su diseño sencillo y apropiado a las leyes de la heráldica, con la única diferencia del cambio de lugar de los colores. Y se sabe, por testimonio directo de varios de los participantes en el pronunciamiento del 10 de octubre, que se encontraban presentes en el famoso ingenio “dos ciudadanos suramericanos”, cómplices de aquel trascendental acto revolucionario y el hecho de haber sido admitidos como testigos de la asonada revolucionaria es en sí mismo sintomático acerca de las conexiones de los patriotas isleños con sus hermanos del continente.

Se conoce que se confeccionaron 3 banderas:

La primera fue elaborada por la señorita Candelaria Acosta Fontaigne, en la noche del 9 de octubre de 1868, en el ingenio Demajagua, cerca de la ciudad de Manzanillo. La bandera fue cosida a mano, utilizándose como materiales partes de un mosquitero del ajuar de Céspedes, un vestido de Candelaria Acosta y hasta un velo que cubría el retrato de María del Carmen de Céspedes, difunta esposa de Carlos Manuel, que se hallaba en la sala de la casona del ingenio. Esta enseña era de forma casi cuadrada, pues medía 1.35 metros de largo por 1.30 de ancho. Candelaria Acosta era una joven campesina de 17 años de edad, piel blanca y pelo rubio platinado, natural del poblado de Veguitas, actual municipio Yara, e hija del mayoral del ingenio. Sus familiares y amigos solían llamarla por el apelativo de Cambula.

La segunda fue confeccionada por la señora Isabel Vázquez y Moreno, esposa del abogado bayamés Pedro Figueredo Cisneros, y por sus hijas Candelaria, Eulalia, Blanca, Eloísa, Piedad y María, en la tarde del 16 de octubre de 1868; en el ingenio Las Mangas, cerca de la ciudad de Bayamo. Esta bandera fue cosida también a mano, utilizándose para ello telas de los colores rojo, azul y blanco, que fueron compradas en Bayamo con ese fin expreso. Dicha enseña era de forma cuadrangular, pues medía 1.69 metros de largo por 1.32 metros de ancho; y estaba mejor terminada que la hecha por Candelaria Acosta en “La Demajagua”, debido a que la esposa y la hija de Figueredo eran mejores costureras que Cambula y dispusieron de más tiempo y materiales más apropiados. Candelaria Figueredo Vázquez, apodada “Canducha”, fue la encargada de entrar con esta segunda bandera a Bayamo, el día 18 de octubre, al comenzar el asalto a la ciudad por las tropas insurrectas. Canducha era una joven de 18 años, piel blanca y cabello oscuro. Ella fue la primera mujer que ocupó el puesto de abanderada de una tropa revolucionaria en la historia de Cuba.

La tercera Fue confeccionada por la señorita Felicia Marcé Castellanos, en su propia casa, en la ciudad de Bayamo, la tarde del 22 de octubre; por encargo directo de Carlos Manuel de Céspedes, que la necesitaba para una ceremonia de bendición que se realizaría en la Iglesia Parroquial Mayor, en presencia de las autoridades eclesiásticas, civiles y militares, y de todo el pueblo bayamés. Céspedes quería que esta versión tuviera las medidas correctas, de acuerdo con las leyes de la heráldica, pues las dos anteriores no las tenían. La enseña fue medida, cortada y cosida a máquina por la mencionada Felicia Marcé, con la ayuda del Coronel Carlos Manuel de Céspedes y Céspedes, hijo del jefe del levantamiento, quien llevó un compás para dibujar la estrella solitaria que se ubicaría en el centro del cuadro rojo. Esta última versión de la bandera cespediana medía 2 metros de largo por 1.50 metros de ancho, y fue la más perfecta de las tres. Felicia Marcé tenía 18 años de edad en ese entonces, y aunque no se cuenta con datos fidedignos acerca de su aspecto físico, cabe suponer que haya sido una mujer de la raza blanca.

RECONOCIMIENTO DE UNA SOLA BANDERA DE LA NACIÓN CUBANA

Es el 11 de abril de 1869, cuando durante la Asamblea de Guáimaro fue propuesto reconocer una sola bandera, pues una era la causa defendida en la manigua y una sería la República.

Los constituyentes votaron por la de Narciso López, pero acordaron que también la de Céspedes presidiera las sesiones de la Cámara de Representantes y se considerase parte del tesoro de la República.

Conquistada la independencia, pero bajo mediación norteamericana, los cubanos siguieron viviendo bajo un pabellón foráneo hasta el 20 de mayo de 1902. Ese día, junto al palo mayor del Castillo del Morro, al sonar la primera campanada del mediodía, se escucharon 45 salvas de artillería y acto seguido fue arriada el yanqui e izado el cubano. Diez minutos después se celebraba una ceremonia similar en el Palacio de los Capitanes Generales.

A menudo confeccionada bajo los avatares de la guerra o dificilísimas condiciones de clandestinaje, con los materiales que había a mano, los elementos de la enseña nacional tuvieron tantos diseños y proporciones como las circunstancias imponían (aunque siempre bajo una única concepción general), hasta que sus especificaciones oficiales fueron determinadas por el Decreto Presidencial número 154 del 24 de abril de 1906.

El acuerdo de que la bandera de Céspedes fuera considerada parte del tesoro de la República fue revivido el 2 de diciembre de 1976, en la sesión inaugural de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Hoy las dos enseñas presiden las reuniones del Parlamento cubano.

INSPIRACIONES DEL PABELLON DE LA ESTRELLA SOLITARIA

Si una emoción propicia la insignia cubana dentro o fuera de la isla es el de admiración y el ejemplo de esa admiración quedó marcado para siempre en la literatura, en el poema del matancero Bonifacio Byrne “Mi bandera” ...../¿Dónde está mi bandera cubana, la bandera más bella que existe?/……../¿No la veis? Mi bandera es aquella que no ha sido jamás mercenaria, y en la cual resplandece una estrella, con más luz cuando más solitaria.  Orgullosa lució en la pelea, sin pueril y romántico alarde; ¡al cubano que en ella no crea se le debe azotar por cobarde!/…… /Si deshecha en menudos pedazos llega a ser mi bandera algún día...¡nuestros muertos alzando los brazos la sabrán defender todavía!..../, una joya de los más sinceros sentimientos de amor a los que la bandera de la estrella solitaria representa y de lo que es orgullo cada uno de los que hemos nacido -como diría Buena Fe- en ese chispazo de tierra en el mar.

Amar el símbolo más importante de nuestra nación es posible si le dedicamos un pequeño tiempo de nuestras vidas  a transmitir a nuestros hijos y a nuestros nietos el valor de la historia que le vio nacer y ondear para todos por siempre con la hermosura de sus colores y lo que representa.

Fuentes consultadas:



2 comentarios:

  1. !!!Muy interesante!!!, mas del 50 % de lo dicho no lo conocía, así que me imagino que ese por ciento en la juventud de hoy sea mas bajo, a juzgar por los maestros que tenemos hoy en día.
    Este escrito contribuye a saber que hay detrás de esas dos banderas, lo mejor de nuestras luchas revolucionarias.

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    1. Así es, por eso es que me encuentro cada dia con la historia para aportar en lo que pueda a que seamos cubanos conscientes y no se olviden hechos de inmenso valor. Gracias por tu lectura y comentario.

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